Normalmente, me gusta empezar a contar una historia con un "Os voy a contar la historia de...", porque todo aquel acontecimiento que es digno de ser contado merece un comienzo de historia a la altura, y siempre me ha gustado esa manera, pero para esta historia no, no porque no este a la altura, si no porque esta historia es diferente. Probablemente, sea una historia de esas que pocas veces ocurren, y que yo he tenido la suerte de vivir, y mejor aún: de ser el coprotagonista.
No es una historia más, porque gracias a esta historia, he mejorado como persona: no me ha hecho ni más fuerte, ni más ingenioso, ni si quiera más gracioso (Aunque me he reído mucho a lo largo de ella, todo hay que decirlo). Esta historia me ha hecho mejor persona, porque me enseñó a cuidar a la persona que más quieres, y puedo decir y digo orgulloso, que de no haber vivido esta historia no sería la persona que hoy veo en el espejo cada mañana, ni la misma que ayuda a sus seres cercanos como lo hago a día de hoy.
Esta historia es así: la historia del 10-5-13. La historia del lugar adecuado, en el momento adecuado...
Siempre miraré Florencia con más cariño del que ya lo hacía.